Haber crecido en el Sur de nuestro país enmarca una de las tragedias menos reconocidas y, porqué no, más dolorosas para los que hemos nacido básicamente para jugar al fútbol: ser impactado de lleno, en la gamba, por un pelotazo nacido de un defensor rústico, alguna mañana de mayo en tiempos donde no reinaba, justamente, el calentamiento global.
El rojo era inmediato.
El ardor, insoportable.
Con suerte, alrededor de las 6 de la tarde recuperabas la sensibilidad en la zona.
Otros tiempos.
DOS (veterano)